domingo, 5 de enero de 2014

Al cine con mis amigos

Como es costumbre, en vacaciones durante las tardes, me gusta platicar con mis amigos de la colonia, pero  algunos se han ido a vivir lejos de aquí. Aunque queda único que siempre llega a hablar conmigo, mi mejor amigo Byron. Un día en medio de nuestras pláticas, le dije sin querer que él siendo mi amigo nunca me había invitado al cine, él se río y me dijo automáticamente: “La invito al cine, pida permiso y vamos”, yo me reí, porque pensé que no me dejarían ir nunca. Pero, cuando salió mi mamá a la puerta él le pregunto si me dejaba ir al cine y le dijo que sí, yo me quedé muy asombrada. Luego de la respuesta de mi madre, se nos metió a los dos la loca idea de ir al cine con un grupo de amigos de la iglesia o algunos que yo tuviera. Así que iniciamos a planear una salida, sin tener dinero ninguno de los dos. Invité a todos los que pude, sin embargo, algunos me dijeron que sí iban pero que dependía de la película  que fuéramos a ver,  cuanto costara la entrada, a qué lugar iríamos y el día que pensábamos ir, pero nosotros no sabíamos nada de eso. Así que pensamos en ir a Cinépolis, que está en  Portales, pero no sabíamos aún que películas estaban en cartelera y mucho menos cuanto valía la entrada. Pensamos con Byron averiguar por internet el costo de las entradas y que películas había para disponer el día. Pero lamentablemente el día que decidimos ir al internet a averiguar, no había señal. Ese mismo día en la noche, yo le conté a otro mi amigo, acerca de nuestra idea de ir al cine y me dijo que le parecía mucho la idea, pero me pregunto lo mismo que los demás y yo no pude responder sus preguntas, por lo que decidimos ir al día siguiente los dos a averiguar directamente que películas estaban en cartelera y el costo de la entrada.

Llegamos al lugar, como a las 12:30 p.m. sin embargo no habían abierto, por lo que decidimos ir a dar vueltas como perdidos en todo el centro comercial. Entramos a zapaterías, a ventas de instrumentos musicales, porque mi amigo quería comprar una cuerda para su bajo, entramos a un almacén de ropa, donde mi amigo se enamoró de un saco e hizo que la joven que lo atendió hasta se aburriera por lo inseguro que es al comprar y a mí me tocó estar sentada en un sillón esperando que él se probara un montón de sacos de diversos colores, hasta que al fin se decidió por uno y lo compró. Ese tiempo que estuvimos en el almacén fue suficiente para que abrieran el Cine para poder ingresar a preguntar el costo de las entradas y ver la película de cartelera. En ese preciso momento nos decidimos por la película que queríamos ver y dispusimos que iríamos al día siguiente a verla, ya que mi amigo tenía que ir a trabajar los días siguientes y yo pronto me iría con mi hermano. Cuando íbamos de regreso a casa, se me ocurrió llamar a mi mejor amiga de los básicos para ver si nos acompañaba al cine el día siguiente, y ella aceptó con gusto.

Llegó el día que iríamos al cine, pero solo fuimos cuatro, Ángela, Byron, Artemio y yo, pensé que sería aburrido, puesto que íbamos pocos, pero no, fue divertido. Iniciamos con un mal hecho, la camioneta donde íbamos se descompuso en el camino y estuvimos esperando hasta que la arreglaron. Llegamos un poco tarde de lo planeado, porque la película iniciaría a las 3:20 p.m. así que corrimos a comprar los poporopos y las aguas y posteriormente ingresamos a la sala para que iniciara la película. No pensamos que la película que veríamos era cristiana, así que nos asombramos cuando nos dimos cuenta, pero fue una gran película, nos dejó un gran mensaje a los cuatro. Todos nos reíamos mucho, a veces hasta nos querían callar. Salimos corriendo del cine, porque ya era tarde y abordamos una camioneta roja, para dirigirnos hacía el estacionamiento de buses, que nos llevan a nuestras casas. Retornamos a nuestros hogares, a eso de las 7:30 p.m. gracias a Dios no nos regañaron, pero fue hermoso pasar tiempo con mis amigos, en especial con Ángela, a quien tenía muchos meses de no verla. Por eso, espero que se repita de nuevo esa salida, aunque ya quedamos que volveremos a ir al cine juntos, aunque si se quieren unir otros a nosotros no estaría mal.




sábado, 4 de enero de 2014

Mi mejor amigo, casi mi hermano

En esta ocasión hablaré de mi mejor amigo, a quien conocí hace ya tres años, cuando se mudó de casa, ya que él vivía en la zona seis, pero se trasladó a vivir con su abuela, junto con su madre y hermano, quien vive a dos casas de donde yo vivo. El nombre de mi amigo es Byron, quien tiene 16 años de edad, él al inicio era un joven callado, tímido, no muy amistoso y un poco enojado, pero ahora ha cambiado considerablemente, no sé si fue, porque se convirtió en mi amigo o que le pasó. Fui su primera amiga en su nueva colonia y en la iglesia, porque su abuela asiste a la misma iglesia que yo. La verdad no me recuerdo bien, como nos hicimos amigos, sólo sé, que cuando lo vi por primera vez y me enteré que sería mi nuevo vecino me moleste, ya que me cayó mal cuando lo vi. Me recuerdo que en una ocasión me tocó que saludarlo, porque mi mamá lo saludó, pero yo no deseaba saludarlo, me caía mal con solo verlo. Pero nunca supe que se convertiría en mi mejor amigo, mi confidente, mi guardaespaldas, el que encubre mis mentiras, mi apoyo, mi consejero, en fin, casi como mi hermano menor. Sé que a muchos de mis otros amigos no les cae él muy bien, pero que importa, ellos no saben valorar a una gran persona, además nunca se han interesado por conocerlo más afondo, únicamente miran su apariencia. Él ha estado en las buenas y en las malas conmigo, al igual que yo con él, ya que él tiene muchos problemas en su hogar,  uno de ellos, es que su padre se separó de su mamá. Y por eso, logré que el aceptará a Jesús, ya que es el único que nos entiende y no nos abandona en los momentos más difíciles de nuestra vida. Posteriormente, él se bautizó y ahora tiene privilegios en la iglesia al igual que yo. Muchas veces lo aconsejo para que no se aleje de su padre, porque su carácter muchas veces le gana y dice cosas que lastiman a sus seres queridos. Sé que estar en su situación no es fácil, pero existen personas que lo apreciamos verdaderamente, y que no nos gusta verlo deprimido, aunque él diga que no lo está. Su forma de ser es genial, aunque su adicción al celular es grande y muchas veces no le pone atención a uno, cuando se le está hablando. Admito que muchas veces lo regaño, por lo que piensa o dice, a veces hasta le pego fuerte, cuando me molesta con alguien que él sabe que me gusta, pero después siempre le pido disculpas, aunque él nunca se enoja por eso. Gracias a Dios solo una vez nos peleamos, pero no soportamos estar más de dos días así, al final nos pedimos disculpas. Saben el me obedece, me va a comprar siempre las tarjetas cuando necesito una con urgencia, le pido que me ayude a decorar alguna tarjeta o me dé ideas para que mis trabajos manuales salgan bien y nunca se niega a ayudarme, a menos que no esté en su casa. Cuando estoy de vacaciones, casi todas las tardes platicamos afuera de mi casa, intercambiamos música, vemos alguna película o cuando estaban mis otras amigas, salíamos a jugar y a molestar afuera de mi casa. En fin, he compartido momentos muy especiales a su lado, es por eso que lo extraño cuando se va donde sus primas, porque ya no tengo a quien molestar, ni quien contarle mis romances, locuras, aventuras, ni puedo escuchar su historia de amor, con su chica, con la que se va hasta horas de la noche a su casa cuando ella lo llama para conversar y todas las locuras que ha hecho. Él sabe que lo aprecio un montón, que deseo que su vida sea bendecida grandemente y sus problemas se solucionen y desearía que nunca se apartará de los caminos de Dios. También agradezco a Dios por permitirme conocer a un amigo tan genial como él, al cual tengo el placer de llamarlo “Mi mejor amigo”, y como le he dicho primero Dios seremos amigos por siempre.



Mi segunda mamá

El 23 de noviembre de 1927, una joven de tan solo 13 años tuvo a su primera hija, a la que llamó Clemencia; que durante muchísimos años después sería mi abuela materna. Desde pequeña, Clemencia fue una niña oficiosa, ella únicamente vivía con su papá y su hermana. Su madre la entregó a su padre desde pequeñita, aunque ella no solo tenía una hermana, tuvo muchos hermanos más, pero éstos solo eran sus medios hermanos. Lastimosamente, su mamá falleció muy joven, pero a Clemencia no le dolió su muerte, porque ella no vivía con su madre, aunque fue ella la que la cuido hasta el último día de vida. A pesar que desde niña, ella perdió a su madre, sufrió una perdida más adelante, su única verdadera hermana, que falleció a los 15 años, a consecuencia de fiebre severa, aunque años antes había sufrido una herida en su vientre, cuando una cabra la atacó, cuando juntas sacaban agua de un pozo. La irreparable pérdida de su hermana, lo dejó muy triste a ella y su padre, aunque el dolor pasó rápido. Tiempo después falleció su padre con el que había vivido durante toda su vida, dicha pérdida fue muy dolorosa para ella, ya que se quedaría sola. Pero, años después conoció a mi abuelo, con quien procreó a mi madre, quien es hija única.

Mis abuelos, no tuvieron ningún hijo varón, solamente a mi madre, por eso cuando nació mi hermano, ellos se encariñaron mucho con él. Ellos, se encargaron de crearlo durante cinco años, en donde ellos vivían, porque mis padres estaban en la capital, por eso a la edad de seis años se lo dieron a mis padres, porque tenía que estudiar. Lastimosamente, mi abuelito falleció al poco tiempo que entregaron a mi hermano, de una pulmonía. La muerte de mi abuelo fue algo muy doloroso para mi mamá, ya que ella no cuenta con ningún otro apoyo, es decir, otros hermanos. Mi abuelo cumplió el pasado veinte de septiembre 32 años de fallecido, tiempo que lleva mi abuelita de vivir con mis padres, ya que mi madre se hizo cargo de ella, desde el fallecimiento de su papá.

Cuando yo nací mi abuela tenía quince años de vivir con mis papás, ella se convirtió en mi segunda madre, porque mis dos padres trabajaban y mi madre me dejó a su cargo desde los nueve meses de edad. Ella cocinaba para mí, lavaba mi ropa, me bañaba y por supuesto me cuidaba con mucho amor. Mi abuela era la que se hacía cargo del aseo del hogar y de cuidarme, pero desde que inicié a estudiar mi madre dejó de trabajar, pero siempre ella hacía todo el oficio del hogar. Aunque varios años atrás mi abuela dejó de hacerlo, puesto que se ha enfermado mucho y debido a su avanzada edad y el dolor  que sufre en las articulaciones ha dejado de hacer lo que antes hacía para depender cien por ciento de mi madre, quien la cuida sin quejarse. Aunque ella, a veces quisiera ser dependiente,  se ha dado cuenta últimamente que ya no puede hacer las cosas sin ayuda de otras personas, pero a veces es algo caprichosa.

Mi abuelita, a quien cariñosamente le digo mamita, ya que ella desde pequeña me enseñó a decirle así, es una persona tierna, compasiva y a veces un poco regañona, pero aun así la quiero mucho. Durante los últimos días han sido dolorosos para mi familia, puesto que el pasado 12 de diciembre, ella se cayó cuando mi madre la dejó sola en mi casa, ya que yo me encontraba donde mi hermano y mi padre trabajando, porque tenía que ir a realizar un mandado. Me relata mi mamá que cuando ella regresó a la casa, mi abuela se encontraba tirada a mitad del patio, ensangrentada y ella pensó lo peor cuando la fue a levantar, pero sólo tenía una abertura en la cabeza. Entonces se comunicó rápidamente con mi hermano mayor, para que fuéramos a verla y me llevará a mí de regreso a mi casa. Llegamos, pero fue doloroso ver a mi abuelita con esa abertura, tenía raspones grandes en los brazos y la piel de las rodillas se le había caído. No resistí verla así y lloré por un largo rato, hasta que decidieron llevarla al sanatorio para que le cosieran sus heridas. Cuando regresaron, ella estaba muy débil, ya que le pusieron seis puntos, porque la anestesia su cuerpo la rechazó. Gracias a Dios no pasó a más su caída.

Durante las fiestas de fin de año, mi hermano les pidió permiso a mis padres para que me autorizaran pasarlas al lado de su familia, así que me llegaron a recoger el 24 de diciembre en la mañana. La idea era solo pasar la navidad allá, porque el 31 mi padre salía de descanso y quería recibir el año con mis padres, por ello, el 30 mi hermano me llevaría de regreso a casa. Lamentablemente, el domingo 29 mi abuelita sufrió hemorragia, para la que mi mamá decidió llamar de nuevo a mi hermano, ya que nosotros no contamos con transporte para sacar a mi abuela al hospital, pero el carro de mi hermano ese día estaba fallando. Pero, mi madre consiguió quien la llevará al sanatorio y así que nosotros nos dirigimos hacia allá, para ver cómo se encontraba mi abuela. Gracias a Dios no era algo grave, pero nos informaron que mi abuela había perdido demasiada sangre y por ello, ella está susceptible a sufrir un infarto en cualquier momento. Escuchar eso fue muy doloroso para mí y para mi madre más. Ahora mi abuela, con lo que sufrió se comporta muy diferente, nos dice que en cualquier momento ella siente que nos va a dejar y eso realmente duele, porque ella es para mí, otra madre. Además, en mi casa solo vivimos cuatro personas, ella, mis dos padres y yo. Aunque, mi padre llega a mi casa 22 días, debido a su trabajo de guardián. Y siento que su presencia en mi casa es vital, porque yo duermo en el mismo cuarto con ella, comemos juntas, cuando mi madre sale yo me quedo con ella, si mi mamá va a la iglesia en la noche me quedo haciendo tareas en compañía de ella y cuando necesita algo, ya estoy acostumbrada a que grite mi nombre. En fin, ella me haría demasiada falta al igual que a mi mamá.

Actualmente, me encuentro muy triste, porque mi hermano se la llevó desde el 1 de enero a su casa, pero ella piensa que mi mamá la hecho de la casa y ahora no quiere volver. Su presencia en la casa se siente, hay momentos en los que puedo escuchar su voz, extraños sus regaños y sus gritos. Pero le pido a Dios fortaleza, si nos llega a faltar en poco tiempo. La extrañaría demasiado, ya que yo la quiero mucho como si fuese mi madre, ya que es una parte importante de mi familia. Agradezco a Dios, porque sé que mi mamita aún no se ha ido y espero que ella vuelva el lunes, para abrazarla y decirle que me ha hecho mucha falta.



domingo, 8 de diciembre de 2013

Mis pequeños grandes amigos

En esta ocasión hablaré de mis dos bebés, no se debe pensar mal, ya que no tengo hijos aún, pero tengo dos mascotas a las que trato como si lo fueran. Mi perro mayor se llama Bandido que tiene ocho años de edad y otro mi consentido que se llama Marshmallow,  que tiene tres años de edad. Como lo había dicho en mi entrada anterior, mis mascotas favoritas son los perros, porque a mi mamá le gustan estos animales ya que son muy buenos guardianes. La presencia de los dos en nuestra casa, nos produce alegría y enojos a la vez. Aunque el perro adulto es más obediente que el pequeño, los dos hacen muchas travesuras. Cada uno de ellos, se ha ganado mi corazón, en especial mi pequeño juguetón, a quien cariñosamente llamo Marsh, porque su nombre es muy largo. Mis dos mascotas me dan cariño y fidelidad sin esperar nada a cambio. Como se dice, el único amigo fiel aparte de Jesús, son los perros, porque a pesar de que muchas veces los tratamos mal sin querer, ellos siempre están a nuestro lado y se comportan aún más amorosos que antes. El ser humano, por el contrario, no tolera un desprecio, porque acude rápidamente a los golpes o a estar enojado por un largo período con la persona que lo ofendió o lo despreció, aunque el haya sido el culpable. Considero que deberíamos de seguir las actitudes positivas de los animales, porque son ejemplo para nosotros la mayoría de veces. A continuación les hablaré cómo llegaron a casa mis dos perros, a pesar que a mi papá no le agradan éstos animales.

Empezaré por Bandido, el perro adulto, quien llegó a nuestra casa por medio de mi hermano cuando tenía un año de edad, que al inicio me provocó miedo, por su apariencia, él es de raza Chao Chao pero, no es muy peludo. La historia de Bandi, es muy triste, porque sus antiguos dueños, se vieron obligados a dejarlo abandonado. Los anteriores dueños de Bandido, asistían a la iglesia que pastoreaba mi hermano, hace algunos años ya, al parecer a éste perro lo compraron en una veterinaria muy pequeño, pero por falta de espacio en su casa, lo mantenían encadenado durante todo el día y lo soltaban únicamente en las noches, pero eso sí, lo alimentaban muy bien. Lastimosamente, cuando el perro tenía un año de edad, sus dueños se tuvieron que marchar de su casa en la capital hacia Quiché de manera imprevista, porque los estaban extorsionando. Toda la familia  se marchó pero, no se llevaron a Bandido por falta de espacio en el vehículo donde se trasladaron hacia Quiché. Por lo tanto, le encomendaron a mi hermano, que fuera a su casa a ver a Bandi, porque lo dejaron encadenado y ya había pasado algunos días desde que se marcharon de casa. Mi hermano, me cuenta que llegó a soltar al perro, quien cuando lo vio entrar lo aruñó fuerte, porque estaba ansioso que lo soltaran y estaba hambriento. Después de eso, los dueños de Bandi, llamaron de nuevo a mi hermano, para decirle que si le podía buscar una familia quien quisiera adoptar al perro, porque ellos ya no podían regresar por él. En mi casa, hacía 22 días que mi perro Cirpo, se había muerto y estábamos en busca de una nueva mascota que reemplazara la ausencia de nuestra anterior mascota. Así, que mi hermano pensó traerlo a nuestra casa el primero de Mayo del 2006, con el único detalle, que nunca le había preguntado a los dueños de Bandido, cuál era el nombre del perro.

El día que mi hermano lo llevó, Bandido realizó su primera gran travesura pero, admito que a mí no me agradó el perro al inicio. Cuando mi hermano juntamente con mi sobrino lo bajaron del carro, no me gusto para nada su aspecto, daba apariencia de ser malo, por lo que no me acerque a él. Mi mamá por otro lado le agradó y no le causaba temor. Nosotros pensamos hacer que se acostumbrara a vivir en la terraza, así que decidimos hacer que subiera al segundo nivel de la casa, porque mi hermano no lo llevó encadenado. Nos costó un poco hacer que el subiera, pero al fin lo logramos, pero no sabíamos que él, no le tiene miedo a las alturas, por lo tanto, cuando entro a los cuartos lo primero que hizo, fue subirse al balcón, con intención de aventarse hacia abajo. El mayor problema, es que no sabíamos cuál era el nombre del perro, según mi hermano se llamaba Oso, pero nos cansamos de decirle “Oso bájese de ahí”, ya que nunca nos obedeció, temíamos que se aventara y se lastimara en su primer día en su nuevo hogar. Luego de un gran rato, el perro accedió a bajarse de ahí, como si nada hubiese pasado, nos miró y corrió hacia el primer nivel. Después le dimos comida, bebió agua y se durmió por un largo tiempo como si su nueva casa le hubiese gustado. En la noche mi hermano, nos llamó para decirnos que el nombre del perro era Bandido, que comía y bebía agua dos veces al día; y que decía sus antiguos dueños que nos lo encargaban mucho, porque ellos se lamentaban no habérselo llevado. Actualmente, mi  mamá quiere mucho a este perro, es su favorito. Gracias a Dios mi papá no se opuso a que Bandi se quedara con nosotros.

Por otro lado, Marshmallow,  vino a mi casa también gracias a mi hermano. Todo surgió, cuando mi hermano,  puso a jugar a su perrita Chispa, una cocker spaniel con un perro de su misma raza. El día que mi hermano, me contó que su perrita tendría cachorros, enseguida le pedí uno, como regalo de navidad de su parte, porque según, la perrita tendría los perros en diciembre del 2010. Le conté a mi mamá que yo quería un cachorro de los que tendría Chispa y que mi hermano estaba de acuerdo en regalarme uno. Mi mamá lo único que me dijo que el requisito era, que fuese macho, porque a ella no le gustan las perritas y además ya teníamos a Bandido, un perro macho. Sin embargo, mi papá se opuso a la idea, porque siempre que pido una mascota, me dice que la condición es que yo me haga totalmente responsable de ella, como limpiar sus excrementos y alimentarlo pero, nunca he cumplido. La opinión de mi papá no la tome en cuenta, porque estaba emocionada de tener un cachorrito a mi cargo. Afortunadamente Chispa, tuvo un perrito macho, en medio de ocho perritas y no nacieron en diciembre, sino el 21 de octubre del 2010. El día que lo trajeron a casa, lo escondí durante toda la tarde de mi papá, ya que Marsh, se durmió como 4 horas seguidas porque me lo trajeron el 11 de noviembre, es decir, no tenía ni un mes haber nacido. Desafortunadamente, cuando se despertó comenzó a llorar, porque era de noche y le hacía falta su mamá; evidentemente mi papá lo escuchó y por supuesto me regaño, por haber aceptado que me lo dieran. Pero, no me importó, desde que vino a casa Marshmallow, ha sido mi preferido, porque lo tuve desde bebé. Yo le enseñé morder algunas cosas, porque daba temor que se tragara su colmillo y se muriera. Por cierto, se me olvidaba mencionar que Bandido lo aceptó desde el inicio. Junto con mi bebé, como yo le digo cariñosamente he pasado muchas aventuras y desde pequeño le enseñé a jugar fútbol. Ahora, no puede ver un balón sin que él,  la muerda y destruya fácilmente. Aunque ahora ya está grande, sigue teniendo un espíritu de cachorro, pero no me gusta que siga creciendo, porque sé que después ya no les gusta jugar, ni les gusta que uno los moleste. Un claro ejemplo de que los años transcurren es Bandido, porque él ya no le gusta jugar y se enoja cuando lo molestan.

Aunque los dos son muy encantadores, Marshmallow, siempre está a mi lado, cuando estoy haciendo tareas, esta acostado a mi lado, si me levanto se va conmigo. Si voy a la cocina, me acompaña, si tengo miedo de ir al segundo nivel, cuando está oscuro, se va conmigo, se pone a llorar cuando no estoy en casa. Dice mi mamá que le hago falta cuando pasó varios días en casa de mi hermano, ya que con ella no es tan apegado. Obedece todas mis órdenes y está atento cuando llego a casa, se me tira encima y me da un cálido recibimiento. Admito que en ocasiones cuando no estoy de buen humor, llego a casa y cuando el se me tira encima muchas veces lo he lastimado cruelmente con patadas, pero rápidamente le pido disculpas y lo acaricio, porque él hasta se comporta más cariñosamente conmigo. Mi gordo, como le digo a Bandido, lo quiero también pero él a veces me ha querido morder, por lo tanto no lo acaricio mucho, además Marshmallow se pone celoso, que acaricie a Bandido. En general, mis perritos son mis amigos que nunca me abandonan, los cuales llevó en el corazón y no comprendo, porque muchas personas tratan mal a estas mascotas que son tan increíbles.




lunes, 2 de diciembre de 2013

Mis viejos amigos

Desde pequeña estoy acostumbrada a tener mascotas en mi casa. Debo decir, que me encantan los animales, en especial los perros. Cuando era bebé, mis papás tenía una perrita que era demasiado enojada, dicen ellos, que mordía a cualquier persona desconocida que entraba y una ocasión, mordió hasta el lechero. Lastimosamente, cuando nos mudamos de casa, al parecer nuestros nuevos vecinos, le dieron bocado y murió, porque la teníamos en la terraza. Así, que compraron mis padres tres perros, pero dos no se llevaban, se peleaban constantemente.  Uno lo llevaron a la terraza y los otros dos convivían con nosotros abajo. El que vivía arriba se llamaba Muñeco y los otros dos, uno se llamaba Cirpo y Rambo. Yo quería mucho a mis mascotas, pero se me olvidaba decir que a mi papá no le gustan los perros, él se inclina más por los gatos. Por ello, siempre ha estado en contra de que tengamos perros en mi casa y eso hizo que regalara a Rambo, un perrito chiquito de tamaño, peludo y cariñoso. Me recuerdo que el día que lo llegaron a traer las personas que lo adoptarían, lloré demasiado.

Sentí un vacío muy grande en mi corazón, porque Rambo, era el único que obedecía todas mis órdenes, aunque no era un perro de raza, ha él lo quería yo más. Mi mamá por el contrario, estaba muy encariñada con Cirpo, un perro grande, blanco con ojos azules de raza pitbull. Estando en casa era un perro muy educado, porque nos podían venir a visitar y  él no mordía a nadie. Se me ha olvidado mencionar que todos los perros que hemos tenido, ninguno lo hemos mantenido encadenado, porque mi mamá dice que es doloroso para un perro, estar encadenado todo el día. Nosotros contamos con un gran patio, junto con el garaje, para que nuestros perros se paseen, ellos deciden si desean asolearse o estar en la sombra y si toman agua, comen o no. Únicamente los encadenamos, cuando los sacamos a pasear, pero de lo contrario pasan todo el día y la noche sueltos por toda la casa. Mi mamá compró a Cirpo, cuando era muy pequeño, así que toda su vida la había pasado con nosotros. El problema que teníamos con este perrito, es que cuando se salía por accidente, encontraba a otro perro en la calle, lo agarraba del cuello, tratando de matarlo y no existía fuerza humana que hiciera que soltara a su víctima. Y por eso, no dejábamos que Muñeco, bajara de la terraza ni que Cirpo subiera, porque se peleaban y éste último trababa de matar a su compañero.

Dos años después que regalaron a Rambo, Muñeco falleció en una noche muy fía. Fue triste, porque siempre se escuchaba como corría y ladraba en la terraza. No se sabe de qué murió, porque no estaba enfermo, únicamente lo encontramos muerto en medio de las láminas y todo el material que estaba en el suelo en la terraza, ya que estaban construyendo el segundo nivel de la casa. Ahora solo nos quedaba Cirpo, pero éste vivía a bajo con nosotros. Pero, un día mi abuelita dejó que Cirpo se saliera de la casa, por accidente y como era de costumbre encontró una víctima, un pobre perrito callejero a quien éste intento matar. Pero, la diferencia fue, que mientras Cirpo, tenía en su hocico a su nueva víctima, un perro de una vecina, que era más, perro callejero que de casa, le mordió su pata trasera, lo que le provocó una llaga, que se le infectó, porque al parecer,  el perro que lo mordió, tenía una enfermedad bucal. Esto provocó que Cirpo, ya no comiera, ni bebiera nada, se quedó cojo de su patita, y por negligencia de nosotros, que nunca lo llevamos con un veterinario, falleció en abril del 2006, días antes del cumpleaños de mi mamá. Para mi madre, fue algo doloroso, porque era su perro preferido y se sentía un gran vacío dentro de casa. Y así, pasamos alrededor de un mes sin mascota, hasta que llego uno de los perros que tengo actualmente, del que hablaré en una próxima entrada.




martes, 26 de noviembre de 2013

Mi único viaje fuera de Guatemala segunda parte


Hoy retomo lo que redacté hace algunas semanas, mi único viaje fuera de Guatemala segunda parte, después de mi llegada a aquel nuevo país, todo se volvió una maravilla. Primero nos encontramos con mi tío, quien nos condujo hacia su casa. Su casa estaba muy lejos de una colonia, muy conocida, del cual yo recuerdo su nombre. Lastimosamente, ingresamos a la colonia, se había ido la luz. Y así pasamos nuestra primera noche, en un país desconocido y nuevo para mí. Al día siguiente mis papás ordenaron maletas, para tener nuestra primera salida como turistas oficiales. Y el primer lugar que decidimos ir fue un centro acuático llamado Amapulapa.

Este centro acuático, era tan pero tan grande, que mi primo, hijo de mi tío que vive allá perdió un zapato y no lo encontró. Su papá ya mero le pegaba, pero gracias a que nosotros estábamos ahí, no le dijeron nada. Lo bonito de este lugar, era el tamaño gigantesco de cada piscina. Pero como todo país de expertos, las piscinas eran sumamente ondas también y los adultos no pagaban por entrar a dicho lugar. Luego, ese mismo día decidimos ir a otro centro acuático, denominado Flor del Río, un sitio que quedaba muy lejos de Amapulapa y que era sumamente caro, para nuestro punto de vista. Llegamos alrededor de las tres de la tarde y el centro lo cerraban a las cuatro, casi no disfrutamos en ese lugar. Lo que me llamó la atención de ese lugar que era enorme y podía uno pagar para dormir ahí, en hamacas. También había muchas canchas para jugar fútbol y el recuerdo que me traje de dicho lugar, fue un enorme raspón que me di, en un tobogán del cual me lance. Y fue así, como terminó nuestro primer día de vacaciones en aquel país.

Al día siguiente, fuimos a un mercado y a un parque, donde me reí demasiado de mi ignorancia cuando traté de comprar una granizada, porque el vendedor no me entendía que deseaba comprarle. Me di cuenta que aunque El Salvador, sea un país vecino y que hablemos el mismo idioma, decimos muchas palabras muy diferentes. Luego, compramos pizza y nos fuimos a casa alrededor de las dos de la tarde. Cuando mi tío retorno de su trabajo, nos invitó a enseñarnos el puerto llamado El Espino, que queda muy cerca de donde él vive. Y así decidimos ir, aunque no quedaba tan cerca como él dijo. Llegamos alrededor de las cuatro de la tarde, pero mis papás no me dejaron bañarme, porque decían que el mar estaba llenando y el agua podía ser peligrosa. Lo bonito, fue que pude ver el atardecer y probar unos tamales de elote súper deliciosos. Regresamos a casa alrededor de las ocho de la noche. Y así concluyó el día segundo.

En el tercer día, fuimos a unas pozas llamadas Aguas Calientes y posteriormente a otras, pero el nombre de ese otro lugar no lo recuerdo. Nos la pasamos genial, en esas pozas, aunque admito que cuando planearon ir ahí, no me llamo mucho la atención el lugar. Mis padres trataron de darme algunas clases para aprender a nadar, pero era inútil, no aprendía por más que ellos se esforzaran enseñándome. En el cuarto día, únicamente fuimos a algunos restaurantes y conocimos nuevas personas, vecinos de mi tío. Y fue de esta manera, como nuestros cuatro días en nuestro país hermano, terminaron. El día domingo en la madrugada salimos de regreso, para venir un poco temprano. Pero, en el camino hacia la frontera de El Salvador, nos detuvo la policía y claro yo no portaba pasaporte. Gracias a Dios mi mamá argumento que no encontraba mi pasaporte por todas las maletas que traíamos. Y así fue como logramos llegar sin ninguna novedad a la frontera y cruce de la misma manera, como le relate en la primera parte. Alrededor de las dos llegamos aquí a mi casa, quede fascinada con el viaje. Ahora tengo muchas ansias de volver a ir, pero no hemos podido ir de nuevo, al parecer iré el siguiente año, primero Dios vayamos, porque deseo volver a ver a mi tío y primo, por supuesto para conocer más lugares en aquel país.




lunes, 4 de noviembre de 2013

Día de muertos en mi comunidad

Una tradición que es muy antigua en mi comunidad, mejor dicho en toda Guatemala, es la celebración del día de todos los santos difuntos o día de muertos que se celebra  el primero del mes de noviembre, para conmemorar a los familiares ya fallecidos. En mi familia no lo celebramos, pero de todos los años de mi existencia, nunca había puesto especial importancia a esta celebración. Pero, este año,  desde el momento en que mi maestra de Literatura nos designó escribir sobre esta tradición de la cual no sé mayor cosa. Así que me tocó preguntar a mis vecinos sobre la celebración y algunas veces solo observar para ver que realizaban las personas en mi entorno.

Una conocida de mi mamá que es maestra me contó que ésta celebración es muy antigua, ya que en épocas de los antiguos egipcios y babilonios ya se observaban todas estas fiestas, porque ellos así lo veían. En Mesoamérica también hay antecedentes que conmemoraban el día de los muertos con rituales muy especiales, dedicando dichas fiestas al dios Tlaloc, esto en México. Pero que en Guatemala, estas celebraciones son muy preciosas y distintas. Ella me explicaba que ahora en Guatemala, actualmente se celebra también la fiesta de Halloween, fiesta pagana que tiene sus orígenes en la antigua Irlanda, y que se celebra con mucha fuerza en Estados Unidos, también muchas personas la celebran, pero hay  que tener presente que primero tiene que ser lo nuestro. Cuando ella me mencionó esto, me recordé que el hermano menor de unas vecinas murió precisamente esa noche en un bar, celebrando esa noche acompañado de 5 jóvenes más y lo velaron el día de los muertos. Ahora estas señoras están tristes por la muerte de su hermano.

Un vecino me contaba que muchas  personas con un mes de anticipación van a limpiar, pintar las tumbas de sus parientes, otros van a hacer reparaciones, las pintan, y a veces cambian las cruces para cuando llegue el día dos de noviembre estén limpias y bonitas, ya que las mismas son las casas de sus seres queridos que han partido a la otra vida. Mi vecino también me relataba que la celebración uno de noviembre es el día de los santos, es decir, el día de los niños fallecidos, mientras que el día dos es el día de los finados, osea todos los adultos fallecidos.  Esto realmente llamó mi atención, porque según yo, no había ninguna separación entre fallecidos, pero veo que no así, ya que los niños tienen su propio día, separado de los adultos.

El día primero de noviembre aunque no me levanté muy temprano, pude observar que muchas personas  se dirigían a los cementerios a ver a sus parientes fallecidos, sin importar que estén enterrados en el interior del país y todos iban con muchas flores para enflorarlos.  Otras personas, llevan deliciosos platillos como, caldo de gallina, recados, pulique y manjares como ayote, chilacayote y jocotes en dulce que son de la temporada y que hay en abundancia.  Algunos, llevan bebidas alcohólicas y se toman unos tragos con su difunto, del licor que al finado le gustaba en vida. Comen y beben con sus muertos, y ya cuando abandonan por la noche el camposanto algunos ya van bien bolos, pero todos van felices a sus casas ya que han cumplido con sus difuntos.

Una vecina, amiga de mi abuelita me contaba que según la tradición, las oraciones y rezos que se hacen es para que los muertos que no han conseguido desprenderse de esta vida y andan en pena, se logren ir al fin a descansar en paz, durante ese día. Otros piensan, que las creencias refieren que éste es el único día que los muertos tienen el permiso para visitar las casas de sus parientes y donde ellos mismos vivieron, ya que si no, no lo pueden hacer en otro tiempo, y que por ese motivo sé que se hacen todos estos preparativos.

En algunas  lugares de mi comunidad hasta en los caminos abundan las flores de muerto, para adornar las tumbas de los difuntos. Otros más vivos van a comerse las comidas que las personas les dejan a sus muertos, cuando algunos ven que la misma ha desaparecido dicen que a su difunto le gusto ya que hasta el plato se llevó. Otro platillo muy típico de la temporada es e l delicioso fiambre, que se elabora con mucha dedicación en muchos hogares guatemaltecos. Como toda curiosa tenía la intriga de saber cómo se originó el fiambre.  Por ello, consulté señora de mi comunidad que todos los años vende fiambre, para ver si me podía ayudar. Ella no se negó, y me contó la historia mientras realizaba este delicioso platillo. Me dijo: La tradición cuenta que el origen de ésta exquisitez nació cuando en la antigua capital del Reino de Guatemala, Santiago de los Caballeros, corrió la noticia que venían del Obispado de Ciudad Real, Chiapas, México, el Obispo con una comitiva de autoridades de dicho lugar, y las monjas que estaban a cargo de todo el protocolo en la antigua capital del Reino no tenían nada preparado, de pronto a alguien se le ocurrió juntar todo lo que en su casa había y luego de mezclar todos los condimentos hicieron un platillo tan sabroso que cuando lo sirvieron a sus comensales todos estuvieron de acuerdo que era una delicia,  cuentan  que hasta la receta pidieron para llevarse y ponerla en práctica en aquellas lejanas tierras. Yo quedé asombrada.

Es por eso que el fiambre ya en nuestros días se prepara y se degusta desde el 31 de octubre, 1 y 2 de noviembre. Algunos lo llevan al cementerio para degustarlo junto a sus difuntos.  Por cierto, el fiambre le quedó delicioso a la señora. Agradezco grandemente a todos los que no se negaron a brindarme información sobre ésta tradición. Y me alegro que aún existan ciudadanos que mantengan vivas las tradiciones de nuestro bello país.